"Usted obviamente nunca ha sido una niña de trece años."
Ese diálogo simple, honesto, e incluso absurdo si gustan de las líneas de Cecilia al inicio de la película (the virgins suicides) es pasmoso y de una riqueza psicológica de alcances tremendos dentro de la psique adolescente y en general; depresiva que se incrementa década tras década y lustro tras lustro en nuestra sociedad contemporánea. Es una respuesta que no requiere de más palabras para explicarle al médico que segundos anteriores le demandó el por qué de su intento de suicidio y nos introduce, tal vez por cierta morbosidad; a un mundo de muñecas, de príncipes azules, de cambios, de rosas pasteles que devienen en grises tan oscuros y tan vacíos como la vida "perfecta" de cinco bellas hermanas, que inauditamente se suicidan en conjunto bajo la estupefacción de la comunidad entera y mayor aún, de sus padres.
Cecilia es la menor, primera en morir. Las otras cuatro no tardan mucho en encontrar igual final. A este hecho a sus padres les deriva una culpabilidad que no está pero que se siente y se respira durante toda la trama; opacada con la siempre misma soberbia de creer que uno es el correcto y el de la razón absoluta. No admiten la responsabilidad de sus actos, así como la sociedad y los medios evaden los hechos y posibles causas; concentrándose en juzgar y burlarse con sarcasmo de las chicas "mimadas", locas y enfermas cuyo futuro nada les deparaba. También les encontraron criminales de la ola de suicidios que de ahí en delante se presentaron en el pequeño pueblucho.
Pero ello es mentira y lo sabían, esas mujercitas tenían grandes potencialidades todas y cada una. Sin embargo, ¿qué fue lo que destruyó su voluntad de vivir, la alegría al amanecer de estas jóvenes? En este punto quiero comenzar mi relato ya que es tentativa mía el utilizar de referente el previo análisis del celuloide que catalogo como más representativo de las niñas que sueñan con ser princesas; porque tal vez; y sólo tal vez, lo son. A ver si lo logro.

En el ojo del huracán, con el dedo marcado en el renglón nos escudriñan, analizan, y prescriben tal o cual desorden y tratamiento; con cada investigación hallan nuevas anormalidades, mutaciones y variaciones que les impresionan hasta lo patológico por su incrementada resistencia que supera notablemente las pasadas epidemias. A todas nos quieren fumigar y desaparecer del planeta, deshacerse de esta peste horrenda y contagiosa. No sabiendo -o haciéndose los que no saben -que las cucharachas no son el problema, sino otra consecuencia de la suciedad en que habitamos a diario y que provee del ambiente propicio para que esta plaga prolifere a sus anchas.
Creen que nuestro actuar es delictivo, callado y damos nuestros mortíferos pasos por los recovecos oscuros de las paredes, donde dejamos los huevecillos de larvas que más tarde infectarán a sus hijas hasta matarles. Creen que somos una conspiración de asesinas que no satisfechas con joderse su propio organismo van en busca de inocentes criaturitas que ni velo en el entierro tenían; mas como somos inusitadamente dañinas, les obligamos de manera indirecta a joderse ellas también. Así de poderosas somos, así de importantes e influyentes ¿Ustedes en verdad lo creen?
Dicen en la tele que nuestra arma es el internet, con sus blogs, sus grupos y sus páginas pro. Dicen que cerrarles es el mejor antivirus. ¿Pero cuándo se ha visto que muerto el perro se acaba la rabia? Queda la rata, la ardilla, los coyotes...
Yo no lo veo así. Siento que somos como las hermanas vírgenes de la historia de Sofía Coppola; cada quien en su burbuja y en su realidad... tan lejanas y al mismo tiempo tan cercanas. Buscamos comunicarnos, abrazarnos, consolarnos ya que nadie más lo hace por nosotras. Se limitan a prejuiciarnos y a ponernos etiquetas despectivas que cubran con un dedo la responsabilidad que todo individuo tiene y que nadie quiere aceptar, que nadie quiere confrontar ya que ello implica una valentía e irreverencia caducas en la mayor parte de las personas.
No podrían jamás comprendernos, y eso es muy válido. Si nunca te dolió la muela no habrías porqué de saber como es dicho sufrimiento ni su intensidad. No pedimos eso. Pero sí perrogamos más dignidad y respeto. Somos las cucharachas (perdonen por tamaño palabra) pero no la mugre... Nos alimentarán, engordarán y repararán; No obstante, sí la basura permanece y sigue acumulándose sin que nadie piense siquiera en limpiarle nuevas cucarachitas nacerán, crecerán y se reproducirán. Pues somos larvas al fin y al cabo, y las larvas se convierten en insectos; nocivos o inocuos según el grado de toxicidad presente en el aire y en la tierra.
En lo personal, pienso que censurar los sitios que incluyen tales contenidos y a sus autoras es un acto contra la libertad de expresión. Nuestra opinión también debería de considerarse y no quedar en lo que dijo la loca y la enferma. Es un modo de ver y sentir la vida y por ende; obsequia una perspectiva diferente de humanidad. Quizá un arma de doble filo, no lo niego, suicida y peligrosa, pero es a lo que nos ha empujado la gran familia universal que formamos todos los hombres de todas las razas. Nosotras, las hijas y hermanas perdidas y ofuscadas nos abrazamos en silencio a la orilla de este siniestro precipicio; a veces confundiendo los rosas pastel con los rojos de muerte. Pero me consta que nuestro proceder carece de designios malignos.
Quiero concluir con lo siguiente, pongán mucha atención y refútenlo si es que mis palabras desdicen la realidad. Nosotras no somos quienes elaboran cuantiosas campañas saturadas de mujeres vestidas con dimituas prendas mostrándo cuerpos "idealizados" por esos mismos plubicistas cuyo principal móvil es vender no importando qué. Nosotras no somos los grandes empresarios que apuestan hasta el último centavo en un mercado donde los sofismas de glamour y perfección son fríamente calculados para seducir al más indiferente y flemático comprador. No somos tampoco diseñadores de alta costura que crean sofisticados vestidos talle 0 en los que sólo entran y salen airosas (es decir, saludables) aquellas musas hermosas que meramente en su extra ilimitada imaginación puden existir, seguir con vida y no morir de inanición. No, no lo somos. Somos por mucho más minúsculas e indispensables. Entonces digánme ¿por qué nos querellan cual asesinos seriales cuando, al mismo tiempo, madres y amigas consultan desesperadas productos, pastillas y dietas "mágicas" para bajar de peso?
¿Brutal? A mi humilde opinión, si -y digo brutal en su acotación literal y no en exclusivo por la calidad (no calidad) de este ensayo, aunque también-. Esperándo que no les ofenda a aquellos que les ha caido el veinte.



1 comentario:
No soy ninguna experta, pero escribes muy bien.
Estoy de acuerdo con lo que dices ¿Que ganan cerrando páginas? Absolutamente nada, porque no cortan la enfermedad -Porque Ana y Mia son enfermedades al fin y al cabo- de raiz.
Solo son apariencias: aparentan que son buenos y quieren acabar con lo malo, cuando en realidad siguen alimentando el modelo de tosa sociedad contemporanea: Compran las revistas de moda, ven los comerciales con modelos en los huesos, critican a famosas cuando han subido un poco de peso, pero si bajan ¡son anorexicas! Nada les parece bien.
¿Porque no se miran al espejo primero?
Yo no estoy de acuerdo con ellos, predican pero no practican. Tampoco me parece valido ser tan delagada, convertir la comida en una obsesión. Pero me parece bien que busquen estar bien consigo mismas, porque lo más importante es quererse a uno misma.
Creo que spy un tanto contradictoria, tendras que perdonarme: es mi naturaleza.
Baii!
The Tipica Teenage Girl
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