¿Alguna vez durante su niñez tuvieron pesadillas recurrentes donde un monstruo, villano, ser perverso en especial; aquel que temían hasta orinarse en los pantalones, los acosaba amenazándoles de muerte; poniendo en riesgo no sólo sus vidas sino también la cordura pues el temor era tan enloquecedor que en verdad pensaban que perderían la razón sí esa tortura continuase?
Yo moría de un paro cardiaco con sólo mirar de reojo a Chucky, ese monito idiota pelirrojo. Ya mayor, viendo las películas de vuelta me di cuenta que son basura, que no valían mis gritos y malos sueños por las noches. Pero era un miedo irracional, infantil; me obligaba a pensar tonterías. Imaginaba- me río de ello ahora- que iría por mi prima en ese tiempo bebé sino hacía lo que me exigiría el Chucky en una situación hipotética a cambio, para así evitarle. Estaba loca -aún-, y no esperen que le contase a alguien mis desatornilladas ideas. Me las guardaba y las rumia durante mis ratos a solas - que eran muchos-. Y procedía a la siguiente fase.
No fue únicamente el muñeco diabólico quién soltase las cadenas a la imaginación perversa con la que vine dotada ante motivos que me infunden miedo o posible abandono. A veces creía que de no herirme encajando puntillas de lápices bastante afiladas en mi pequeña y regordeta mano izquierda mi madre moriría en un accidente automovilístico igual como falleció mi padre según siempre me dijo - después fue tan amable de comunicarme la versión correcta que desmiente su estado de residencia en el cementerio y sí en algún lugar del territorio nacional- O que el demonio planificaría todas estas tretas de pésimo gusto sino le ofrecía mi sangre en ofrenda.
Me lastime, mucho, y jamás supe la magnitud del dolor que me autoinfringí. Aún le desconozco; todo me es poco o nulo porque todo le soporto, y nada me duele demasiado o suficiente. En ocasiones llego a creer que mis nervios están alterados; mi tolerancia es superior a la de cualquier persona que conozco y no es normal - o eso pienso.
Temo mirar las cicatrices, temo que sean espantosas, temo que me hayan deformado. Temo desangrarme en cualquier descuido de la navaja, temo no saber cuando este muriendo que la vida ya no me pertenecerá más; que estoy al borde el precipicio. Temo encontrarme ahí parada en este momento. Temo de lo que fui capaz, temo más lo que haré después. Me temo porque ya nada me asusta, nada me intimidó jamás.
Temo ser el monstruo de mis pesadillas. 




1 comentario:
hola me gusto mucho tu blog, haber si puedes visitar el mio y si te gusta recomendarlo http://agirlconfession.blogspot.com/
Publicar un comentario