Inmundo fin de semana. Empezando con el viernes. Según yo estaba dispuesta a comer un poco mejor. Según yo no iba a vomitar después de hacerlo. Según yo podría y no me sentiría culpable y pinche. Pero ¡no! obvio que no... esto no se larga así porque sí. Masticaba evitando pensar, evitando saborear, evitando imaginar la grasa que se pegaba a mi abdomen en esos momentos. Y terminé; y el estómago a punto de reventar me traicionó haciendo que dirigiese mi constreñido cuerpo hacía el baño, donde para mi mayor desgracia, no resulto favorable haber esperado tanto rato y ya muchos de los espaghetis encontrábanse en un trayecto muy remoto e inaccesible. Entonces permanecí hinchada, malhumorada, y nauseabunda durante unas larguísimas dos horas.
Cuando todos se fueron al fin de casa pude dedicarme a la abominable tarea a la que estaba predestinada, o mejor dicho, condenada desde que se me ocurrió introducir en mi boca un par de cucharadas extras de esa crema con mantequilla y queso amarillo; pues no debía, no era parte del plan inicial de la rigurosa dieta "cero", la cual desde hace 4 años me mantiene martirizada, y flaca. Fallé de una manera estúpida, ni hambre tenía. Debía castigarme: tragué y tragué más y más pasta, y la vomité una y miles de veces; paré al momento que no sentí más lombricitas de harina en mi panza o garganta. ¿Repugnante? lo sé... Esperó que haya expulsado también aquellas que comí durante la media tarde, con el único afán de darle gusto a mi madre y evitarle preocupaciones adicionales a las muchas que ya le abruman.
El sábado no fue mejor. También intentaba demostrar a mamá que sí me alimento, que no estoy muriendo como dice gran parte de la familia. Pero ¡Ah! me odio por deglutir una migajita de galleta o una mordidilla de manzana. Empero, si deseo comer... aunque es más de mis fuerzas y no es lícito a mi mente hacerlo; ¿cómo va a tolerarlo? Yo quiero perder peso; los dulces, mantecas, carne, leche, engordan. Deseo adelgazar pues me siento y veo obesa delante del espejo, aún cuando los jeans talle 24 me naden (literalmente).
Y luego, no pude comprar el regalo que buscaba para Sixi. Cumplió 16 años éste 6 y yo pensaba en obsequiarle alguna de las novedades de actualidad. Nada. Mis estúpidos mil pesos no alcanzaban a pagar el ipod o reproductor mp3 que ella quería. Ja, ni la mitad del cuadrito azul de 4 GB. Sentí coraje: detesto ser pobre, pero aún más detesto estar consciente de que jamás seré capaz de cambiar este hecho; soy un fracaso, siempre lo he sido y siempre lo seré.
No me quedó otra que entregarle el dinero en una bolsilla celeste...
En mi habitación, minutos después, enfadada, dolida, sentida y demás, tomé el plateado y oxidado bisturí y tasajé mis tobillos. Siguen enrojecidos y de aspecto dudoso; aparentemente una rajada se infectó y está llena de pus... ya se regenerará sola, así ha sido en cada ocasión cuando me corto.
Esto es una bazofia. Deseo que todos callen, que no me digan más que voy a morir de calamidades espantosas por mi desnutrición, que sufriré demasiado. ¿Creen que no agonizo día tras día, que no lloro, que no imploro porque esto termine de una vez? Es peor que me lo repitan al segundo, porque siento descontrol y un mayor odio por mi persona, por mi irresponsabilidad y mediocridad. ¡Ya! No puedo comer como alguien normal... ¡no puedo siquiera comer! y es mi deseo vomitar jamás. Entonces, si he de morir; ¡Joder! ¡mátame ahora mismo!
Bah, sigo viva. Sigo en la idéntica pesadilla carente de inicio o final.



1 comentario:
ay nenaa! yo también estoy harta de verme repulsiva, fea y gorda.. no se cual sea el final de esta pesadilla, pero de seguro lo hay!
deja de castigarte please..no te quiero mal!! =(
cualquier cosa aca estoy, ya sabes!
cuidate ofuzcada..
pd: te mande un mail, no sé si te llegó
besos
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