domingo, 3 de diciembre de 2006

y NO vOmiTo DInErO!!!


Diálogo con una terapeuta idiota por la Web.

Acesté con esta frase que puse como título el último y definitivo nock out (es así como se escribe?) a la piba esta que se hacía llamar psicóloga y que me topé, mentira, que hice todo lo posible para encontrarle mientras realizaba su magnánima y cotidiana "obra de humanidad y ayuda incondicional" (¿incondicional? Cómo no. Y yo soy la madre Teresa de Calcuta).
Justo ahí es donde la quería, servidita y a la mesa.
Colgada ahí del chat de información y asesoría de un Centro de Rehabilitación para la mujer con trastornos emocionales y mentales del Distrito Federal conversa con jovencitas que desesperadas y rendidas al tormento de la propia obsesión que con ahinco y esmero se esforzaron por enconcharse y atraparse en él, no encuentran más salida que escribirle mediante éste patético medio a una todavía más patética si se puede, psicoterapeuta.

Entre las tantas pavadas que te dice resalto la típica y totalmente falsa frasesilla: No estás sola, te podemos ayudar. Otra clásica: Debes pedir ayuda, es un problema muy grande que no puedes manejar por tu cuenta. O: Queremos que estés bien, permítenos ser tu guía en ese proceso.

Perfecto, pareciese que uno no tiene más que decir: dénme y se lo dan. Color caramelo, ¿o no?. Pero no lo es. Bien lo sabía y no permitiría que dicha "profesionista" que me escribía con palabras detenidamente escogidas y memorizadas se saliera con la suya. Yo sería tal vez la primera mujercita que contradiría su plan cuasi infalible y le diera pequeña sacudida a sus neuronas indudablemente atrofiadas y sedadas, cual pacientes de esa Clínica en la que labora.

Miren que si no me he fijado y re-fijado en el retrete luego que, arrepentida y culpable hasta las puntas de mis cabellos resecos y quemados, por haber comido un festín de carbohidratos, o la simple y delgada cáscara de una manzana; vacío dichos alimentos degradados y putrefactos dentro de la taza del baño. Parece desagradable ver tal espectáculo, y así es. Pero NUNCA, jamás de los jamases, la manzana al transitar de mi boca al estómago, y del estómago a la boca, se ha transformado en oro o billetes de $100.00. ¿Cuál es el motivo entonces de que en el país que por suerte o desgracia me tocó nacer crean que por padecer estos males uno se vuelve rico de la noche a la mañana y puede ir corriendo a internarse aunque para pagarles tenga que vender su alma al diablo. Peor, las córneas en el mercado negro?

Mi limitada inteligencia de 2x2 me impide comprenderlo. Desconozco todavía por qué no vomito dinero... Es probable que si voy a uno de esos Centros pueda explicármelo alguno de los doctores que trabajan ahí y me dé una receta para que eso se corrija y me sea posible pagarle el enganche de su nuevo BMW deportivo del año con la colación de antojitos y platillos que cene estas navidades.

¡Puta madre esa mujer no para! Intento tumbarle con un último golpe más bajo.
- El mundo no es color de rosa moteado con grandes m&m's multicromáticos. No todos somos millonarios o tenemos una casa en las Lomas y le compramos a nuestro chihuahua blazers de diseñador. Si usted saliera de esa burbuja en la que pasa día y noche con sus enfermitas descubriría que México está bien jodido, que nadie ayuda a nadie y que fuera de los niños del teletón, el resto de la población que tiene tal o cual enfermedad es prácticamente ignorada, olvidada.
- No todas las mujeres que vienen aquí son ricas - responde con la misma redacción estresante, que en el intento de parecer confiable, se me muestra prepotente y monótona- Hay quienes no tenían nada y trabajaron muy duro para ingresarse y luchar por una mejor vida.

¿Trabajaron? Qué salvajismo e inconsciencia pienso yo es pedirle a un palillo chino de 40 kilos que se mate trabajando por un salario mínimo que no le serviría para pagar medio día en la clínica y después ¿qué?, ¿queda empeñada de por vida o la meten al bote?. Si, esa mujer esta mal de la cabeza, al igual que esos quienes hacen campaña contra epidemias juveniles y dicen que ayudan sólo por ayudar, para que nadie más sufra ese infierno y retome una vida de paz y equilibrio. Mas ¿a quién tratan de engañar? Con dinero baila el perro, diría mi abuela. Igualito que su ayuda incondicional, desinteresada de la que no se cansan de ufanar pero que no existe sino la pagas.

Me sorprende que Argentina tiemble ante Abzurdah y el tema cause gran controversia. Pienso que de menos allá tienen asistencia pública y un poco de esa conciencia social que aquí brilla por su ausencia. Acá no se habla de eso, desconocimiento e indiferencia absolutos como siempre y como nunca en el País de No pasa Nada. Y que triste, pues más doloroso que te quieran internar contra tu voluntad (me opongo desde luego a estas medidas drásticas e inútiles) es que te ignoren, no tanto que seas rechazada, sino que no existas porque eres diferentes, anormal, subnormal. Y cuando hablas, voltean, te dan la espalda como si ni estuvieses.

No temo tanto a lo que dirán o especularán al conocer una verdad que rompa paradigmas o cause estragos en la infraestructura humana por su crudeza y lo contraria a todo lo que se suponía era correcto; sino que me aterroriza imaginar como sería si esto no sucediese y nada cambiara... La ignorancia y la indiferencia son los peores males de nuestra Era.

3 comentarios:

Natalia A dijo...

Lamento mucho desilusionarte. En Argentina no existe eso que decís. Es muy lamentable, pero la realidad es que sólo un mínimo de cuidado sanitario es otorgado a personas "desnutridas" que ingresan a hospitales públicos. Pero no hay asistencia pública gratuita para personas con desórdenes alimenticios. Algunas provincias tienen algunos especialistas que trabajan para el Estado (pero no es gratis). Absurdamente estas enfermedades están catalogadas como Enfermedades de ricos. Parece ser que la gente con menos recursos está más "protegida"... ridículo verdad?

Anónimo dijo...

Es como dice Natalia. Aluba no es gratis, y en general, la gente sabe poco y nada de trastornos como la bulimia, la anorexia y la bulimarexia, por lo que no saben cómo tratar a las personas que sufren de eso.

Anónimo dijo...

Me disculpo con ustedes y con el resto de l@s argentin@s que lean esto. Tal vez esperaba que en algún sitio de latinoamérica existieran condiciones más favorables para tratar dichos padecimientos, pero veo que no y eso sólo aumenta mi desilusión y desaprobo ante los organismos e instituciones que rigen a nuestros pueblos.
Sinceramente, que pena el que no halla la conciencia social necesaria para enfrentarles y sobre todo, vencerles de raíz.