domingo, 17 de diciembre de 2006

tIaRa PRiNceSs

Una colosal inmundicia. En eso ha transmutado la niña inocente que nunca amé, que jamás valoré, que fue princesa y hoy es escoria. Soy vil escarabajo Gregorio Samza de la Metamorfosis de Kafka. La "nobleza" se pierde cuando el espíritu se corrompe; se pervierte entre mentiras y engaños por un objetivo personal, egoísta, narcisista que en mí es avidez punzante por estar delgada. Qué digo delgada, esquelética; más huesuda si es posible que la propia muerte.
Nada de princesita. Me cae en el hígado ese término tan apócrifo, ensalzado y dignificado por millones de imbéciles a nivel mundial. Y no sólo por aquellas que mueren (o fingen morir) por serlo - Ja, sí matándose de hambre emergieran de las entrañas de la tierra castillos, príncipes azules y un corcel blanco, uff; creo que ya tendría un reino completo a mi disposición. Pero ya ven, sigo igual de abandonada, igual de pobre... y más fea.- Sino que también el resto (gran mayoría) de los mortales, poco más salubres aunque igual de descerebrados y huecos alaban a dicho "estatus" de la realeza. Derretíanse ante la sonrisa de Lady Di o la mirada de doña Letizia. Cuánto me gustaría entrevistar a ambas celebridades para demostrarle al montón de idiotas que se hacen ilusiones con la vida perfecta que llevan o llevaron estas mujeres, la sinrazón de la tiara que reposa sobre sus cabezas pues bien saben que portar sangre azul en las venas no es garantía de plena felicidad o satisfacción personal. Ahora reflexionen un poquitito,- les prometo que no desgastarán sus neuronas- mucho menos el ser flaca.
No, no soy princesa de un cuento de hadas. Dejé de creer en fantasías desde muy pequeñina. Ni piensen ahora que estoy amargada por haber adolecido de infancia, nada. Menos cierto es que haya miles de plebeyos o príncipes detrás de mis faldas; perdón, de mi esqueleto. A los chicos no les agradan las costillas que sobresalen o las vértebras puntiagudas dibujando mi espalda. Me viene igual. Carezco de trono y de súbditos, situación verídica de todas las que se nombran entre unas y otras princesas o diosas. La diferencia es que yo soy consciente de ello y ellas viven en sus quimeras de inmadurez pueril aletargada.

¿Princesa? mmm. Resulta absurdo pronunciarle y no morderse la lengua al tiempo que tu madre te muestra a corta distancia un puñado de tus cabellos atrapados entre sus dedos deformes por la artritis, que por las noches le muelen una décima de lo que tu autoemancipación le perfora a oscuras el corazón hasta sangrar. ¿Princesa? y miras directo a sus ojos con la desfachatez y desvergüenza de siempre; que has adquirido para borrar el remordimiento de tu consciencia con tal de salirte con la tuya. Con tal de sentirte a gusto contigo misma - tienes desde luego el derecho a vestir el talle que quieras; bola de locos injustos que desean lo contrario y te obligan a comer.

¿Princesa continúan exclamando? Bueno, os haré caso y diré que lo soy: Princesa putrefacta, princesa hipócrita, adulterada. Princesa de las cucarachas. Aborrézcanme. Y Tú, madre querida, repúdiame por timar y acribillar tu enorme confianza. Prefiero tu odio que las lágrimas de desilusión por la madrugada.

3 comentarios:

Basta, por favor. dijo...

me gusto lo que escribiste. Yo tampoco me siento una princesa ni creo que los días de ayuno eternos consigan hacerme sentir como tal..
Justo hoy escribí algo de eso en el blog..
Que estes bien..besos!

Anónimo dijo...

me encanto lo q escribiste y me quede pensando en lo de las madres.. en verdad que es mejor?? tricionar su confianza.. o decepcionarlas... no lo se en fin ya no estes triste querida...espero que te pases por mi blog ya se te extraña!

Anónimo dijo...

Hola, akí leyendo tu blog, t mando saludos y porfa cuidate.