Por hoy viene conformándome el tomar cartas en el asunto que enmaraña mis pensamientos varias veces durante la semana y no es precisamente salvar al planeta; o peor, salvarme a mí. He decidido utilizar de mal pretexto a mi perturbada psique para pirarme de hacer una elección definitiva en cuestión de que si estoy a favor o en contra. Qué si me declaro pro o anti. No sé, no me obliguen a pensar y filosofar en eso ahora. Es tarde, estoy cansada y mi cerebelo a duras penas responde. Entonces no; no soy militante, tampoco formo parte del grupo de oposición. Y como he logrado zafarme de tal responsabilidad, sí aguardan a que en otra entrada dé mi veredicto final, probablemente esperarán en valde porque yo aquí no regreso jamás.
Sin embargo, no puedo andar por el mundo cibernético vomitando bazofia existencial y darme a la fuga o esconderme tras el anonimato impermutable de mi blog. No sería correcta ni consciente del impacto que no desconozco pueden liberar unas cuantas palabras aunque carezcan de rumbo fijo. No. Por ello pésele a quien le pese, la reflexión, ensayo - o cómo les sea más adecuado llamarle- anterior debía de publicarse entre los revoltijos de construcciones gramaticales insolentes e insulsas que conforman a este pedacito de espacio sideral.
Puede resultar a más de algún individuo ofensiva, exagerada, desdeñosa, falsa, equivoca, qué sé yo; hasta contraria a aquello que he venido escribiendo y en alguna y otra ocasión, defendiendo. Igual los pocos que leían acá no regresen más. Está bien, ustedes se lo pierden, jeje. Pero me conduce el deseo incontenible e incansable de reflejar con cierta responsabilidad la cruda y desalmada realidad de mi vida y la de tantas otras... De los minutos que les constituyen y las lágrimas que vertemos dentro. Cómo tecleé en un inicio: desnudo mi alma, desnudo mi cuerpo y en ese despojo efímero prevalece más nada que la certera realidad. Sin prejuicios ni paradigmas previos.
¡Ah! Y también porque me han fastidiado de sobremanera las pueriles historias de princesitas, con sus mundos perfectos de diosas inapetentes. Mensaje perdido... si le has entendido, incomodándote; pues... estoy dubitativa entre un lo siento, o un nada que lo siento y menos me arrepiento.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario