lunes, 4 de diciembre de 2006

pOMeLoS y MAnZAnaS eN El ÁrBol De EvA




Erase una vez un árbol grande grande, y de un verde tan intenso que los otros árboles de su alrededor se perdían entre las sombras que éste proyectaba. Era sin duda un árbol privilegiado, rodeado de bienestar y satisfacción.

Ese árbol que he descrito debe ser muy feliz o quizás (he aprendido que todo es posible y nunca hay que dar por supuesto algo y menos en esta tierra), no tanto. Como quiera que fuere, no me quita el sueño, porque ese árbol no describiría a mi persona ni estando yo drogada con un pase de marihuana. Yo soy el arbolillo escuálido y calvo a la orilla del bosque y que nadie miraría jamás, o puede que sí; el pintor mientras realiza su obra maestra. Él me encontraría estorbosa con mi mal aspecto y disposición en el cuadro perfecto que ofrece aquel árbol del que les contaba hace rato. No soy ni naranjo ni manzano y no doy más fruto que unas extrañas manzanas de sabor amargo y pomelos que saben a queso de color marrón extravagancia. Todo esto aunado a que mi tronco sigue una trayectoria en zic zac curiosa sin explicación aparente, exacerbando al afamado pintor ese.

Sí, soy un "árbol marciano", ni yo entiendo como fui a ser de este modo y no quiero ni voy a justificarme, tampoco a cambiar. Mas, aún con mis inusualidades, soy un árbol que da frutos. Frutos raros y a veces ni comestibles si quieren, pero frutos al fin. Sé que varios les detestarán no por su sabor o textura, no se atreven ni a probarlos, empero porque son extraños, diferentes. Y es bien sabido que lo diferente en pocas ocasiones es aceptado y en otras muchas, temido y evitado. Y crean si les digo que he sufrido en incontables momentos; por yo también evitarme, temerme, rechazarme.

Como dije, doy frutos. O daba. Fastidié de sobre manera a lo que soy (o era), provocando así que en mis ramas no crecieran más las manzanas y los pomelos. Me quedé seca y ceniza mientras esperaba sin esperanzas el temporal de lluvias con la boca abierta y los labios partidos y agrietados, escurriendo sangre entre sus fisuras.

Pero la espera fue en vano. Moría con cada día y cada día el sol me quemaba más, hasta las raíces. Perdí la fe, y mis hojas y algunas ramas, y creí que sería infértil por el resto de lo que me quedara por existir. Ya no más frutos caprichosos endulcorados con lágrimas, ni más de sus sabores exóticos y burbujeantes. Y por primera vez los desee; tenerlos en mi boca, tocarlos con mis dedos y bañarme con su jugo el alma. Pues eran míos, producto de mi creatividad, de esa imaginación desbordante que me ahoga en un mar de absurdos e imposibles hasta que el agua me sobrepasa impidiéndome respirar.

Y por eso quiero agradecer a varios acontecimientos de longevidad reciente consecuencia del azar y de que personitas grandiosas hicieron factible el milagroso hecho de que retomase la escritura y la pasión que siento al desempeñar este arte - ya sé, no soy Cervantes ni Dante, pero hago mi mayor esfuerzo para que de menos entiendan lo que trato de transmitir -inundara de nuevo mi ser. Gracias por siempre a ese Rey Mago que me obsequió con una chizpa de confianza en mí y en mis talentos subestimados, encerrados en el baúl de juguetes que he mantenido olvidado en mi habitación por largo rato e inclusive desconocía el paradero de la llave que abre su diminuto cerrojo.
Gracias también a mi Pink Chick, que siento más mía que de cualquier otro. A través de los ensayos y reflexiones de su día tras día descubrí que como yo, hay miles. Cientos de chicas que sienten, piensan, sufren, lloran lo mismo que yo y beben de aquel manantial de inspiración disfrutando sus aguas apacibles y adormilantes. Es un regalo enorme saberlo; saber que no estoy sola, saber que me acompañan aunque sea a lo lejos.

Mi Pollita rosadita gracias también por el comentario sobre mi blog en tu diario, mil gracias.

...Y en las cosechas ya gritan los recolectores: ¡Pomelos y manzanas en el árbol de Eva!




La historia del mundo siempre es la misma que se repite una y otra y otra vez en diferentes escenarios y con otros personajes; pero siempre es el mismo hombre, la misma esencia, la misma piel. No somos iguales, mas nuestro sentir y dolor siempre nos unificará.

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