Le he seguido la pista desde hace un par de días, cual detective criminólogo y fisgón de serie gringa, de esas que no paran de mirar mis abuelos aumentando de forma gradual, capítulo tras capítulo su paranoia esquizofrénica que tuvo durante hace algún tiempo en la caquexia total a mi ya de por si escasa vida social. Pero olvidémonos de mis abuelos, de sus programas y de mis salidas anoréxicas; quizá en otro momento les retomemos, por ahora no es posible y ni quiero. El muy mencionado bicho ( ya se ha de sentir importante, maldito desgraciado) se coló también en mi cerebro, en sus ideas; impidiendo que mis escritos posean un interés y distinción superiores y se encaucen en exclusivo a ésta mórbida epidemia mundial de cuyas fauces tampoco yo me pude librar.
Deduzco que la época navideña antes de servir de antídoto es un agar de cultivo y arsenal para tal parásito que mengua las reservas de felicidad de sus víctimas. Adoptan una actitud huraña, derrotista o pesimista. A mi madre le trastornó inclusive sus sueños y los desvió en inverosímiles pesadillas que aquí entre nos arrancaron de mis labios un par de sonrisas disimuladas. Esteban (único amigo de la autora) bebió dos que tres cervezas como es su costumbre, y después tres más se sumaron a la lista. ¡¿Qué hongo?! Al terminar sus tragos las cientos de palabrotas que escupía aquí y allá me tenían consternada. Pensé: el alcohol le ha fermentado. Sigo y seguiré aguardando sin gran apremio -vaya mujer malvada que soy pero el Esteban renovado no me desagrada en absoluto y menos me aburre- a que la primavera me regrese al chico que estoy acostumbrada a tratar. Mientras me divertiré con éste mal hablado y continuaré riendo de sus nimiedades y pésima actitud.
Para otros la situación no es tan sencilla o cómica como la de Esteban; el germen convicto es un huésped maldito, tal cual. Les deprime, les tira en cama, les causa lágrimas de sal. Por ellos siento cierta compasión y empatía. Me son muy comunes dadas manifestaciones de tristeza y desencanto general. Que por extraños designios ahora no sufro y creo que es el mismo monstruito microscópico el motivo de ello, y de la gripe que he pescado aún cuando me le creía invulnerable desde aproximadamente 4 años atrás.
¡Qué diablo! Prefiero enfermar corpóreamente que de manera mental/emocional. La cura es sencilla: reposo y descanso absolutos, y bueno, una que otra pastilla. Mi mente no se hace bolas ni es presa de desbarajustes irremediables.
Mas a quién engaño, sé que pasará, que todo regresará a la "normalidad". Sé bien que los que resuenan como cáscabeles a diario y ahora parecen el Grinch personificado (en serio, son fiel representación del mono verde con idéntica nariz chata, gruñidos y demás) otra vez gozarán; que las pesadillas de mamá se esfumarán y que yo me repondré del catarro que aqueja mis vías respiratorias y la desilusión rutinaria sobrevendrá.
Bueno, sólo me resta darles un consejo, ojalá y les sea útil: identifiquen a dicho parásito primero que él a ustedes; Prevenir es mejor que lamentar, dicen por ahí. Indaguen en su interior y frente a cualquier anormalidad o malestar denúncienlo a las autoridades correspondientes. ¡Ah! Y sí alguno de casualidad descubre su santo y seña, no dude en hacérmelo saber. Le estaré eternamente agradecida; deseo enfrascarlo para contagiarme con él por siempre.



1 comentario:
Me parece increible la forma en que escribes... es la 3era vez que lo leo y me voy por la 4ta, estamos conversndo por el mess, cuidate mucho, un beso. Randall.
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