martes, 9 de enero de 2007

A FaLTa de ViNo, aGUa

Es probable que la falta de Lexapro y Zyprexa me este afectando. Es probable que la aún mayor escasez de nutrientes en mi organismo colabore con la depresión a hacer de mí esta concha fastidiada, agotada, atestada de costras en las piernas (mezcla de xerosis más mutilación) y que no comprende lo que escribe en dicho preciso momento. No deseo escribir más, nunca más; lo hago terrible -¡cambia de cantaleta mujer!-. Pero es verdad, o eso es lo que esta vocecilla odiosa me susurra al oído. Está voz, mi único y final recurso de siempre jamás.

Ni sé lo que digo, o qué respondo a mis vecinos. Me he vuelto una renegada descausada; a todos y todo contesto, rezongo y blasfemo. Doy pena ajena. Salgo a la calle, tomo el bus, me dirijo al centro vistiendo semejantes fachas -jeans holgados, demasiado, sudadera tanto más ancha-. Pelos de estropajo recojidos en una cola maltrecha y desgarbada, rostro pálido; adornado con dos enormes bolsas bajo los ojos que terminan de imprimir un aire enfermizo al conjunto lastimoso que constituye mi persona. Camino y camino, continuo caminando; me he cansado. Y detengo mi paso. Cómo detesto tener miedo incluso de andar...

Las avenidas son muy grandes, polula bastante gente y yo padezco fobia social. Entonces piérdome entre las rosetas de maíz que mastico y no degluto. Me llena de vergüenza comer delante de otros, ¿por qué compré la bolsilla a siete pesos de palomitas grasosas y aguadas de mal sabor? No sé, pero seguro no fue el hambre demandando alimento. Quizá la ansiedad, quizá un truco para evitar pensar...

Llego a casa, 2:00 pm. El cuento de nunca acabar; es hora de comer, y después también, y hago que como pero jamás es tal - de serlo, no seguiría perdiendo peso.
Ya son las 10:00, la noche oscurece mis meditaciones bloqueando el poco raciocinio mental que me preserva de la completa estupidez. Quiero soñar, soñar en serio, soñar y vagar en los deseos; no escuchar a mi señora madre cinco o seis veces durante la madrugada con su tos de perro a medio morir recordándome la desobligada y malvada hija que soy por no llevarle un té caliente a sus recintos, dada mi pesadez y fatiga tanto cerebral como corporal que impélenme a continuar en cama aunque ella se encuentre a punto de un shock o convulsión. Así de cansada estoy. Así de malagradecida soy.


Eso es por hoy; no más, no menos. Sólo me ocupa la maldita comezón en mis piernas antes de ir a dormir. Debe ser la resequedad originante de pequeñas bolas en la piel las cuales al rascarles, emanan diminutos hilos de sangre. Mas son una multitud y me han colmado la paciencia y los nervios.
¡Ah! Mañana retomo el Lexapro, Zyprexa, etc, etc, etc. No porque tenga fe en sus bondades curativas. No porque crea que de un día al siguiente me van a regresar el optimismo y alegría ante la vida, no; es exclusivamente que no me queda otra.

2 comentarios:

Basta, por favor. dijo...

"Quiero que te quieras quiero que te quieras Quiero que te quieras quiero que te quieras Quiero que te quieras quiero que te quieras Quiero que te quieras quiero que te quieras Quiero que te quieras quiero que te quieras Quiero que te quieras quiero que te quieras Quiero que te quieras quiero que te quieras Quiero que te quieras quiero que te quieras..."
Gracias nena, me sirvió que hablemos! (no conseguí el libro jaja)
cuidate! besos =)

Anónimo dijo...

sabes?? a pesar de todas las cosas en el fondo eres muy fuerte .!! no olvides que aqui tienes mi apoyo!! mucha suerte en todo y no estas sola!!