Árdeme el estómago, hiérveme la frente, palidéceme la piel. Y mi mente entorpece el alzamiento de la vela del barco que transporta las buenas intenciones de un mañana promisorio. Se han ido por la borda horas de terapia. Bueno, no es insólito conmigo.
Me cuesta trabajo escribir, pensar, concentrarme en "un punto fijo". Miro hacía acá, hacía más allá, hacía el horizonte que pierde mi mirada en la nada; en la irracional demencia de unos huesos calcinados. Una idea me llama, me atrae con cautela... tal vez no con demasía, tal vez soy yo la que le imploro y persigo, la acosadora insensata.
Juego con fuego y en mis delirios no prendo en llamas. Pero bien lo sé, bien le conozco: voy a salir chamuscada. Siento mi epidermis achicharrarse y no me muevo, permanezco impasible. ¡Auxilio me quemo! -Nada-. Estoy drogada, hipnotizada, idiotizada o como gusten. Me pienso He- Man pero es más que cierto, entre ambos no hay nada en común: ni la espada ni el vigor. Y no obstante, desarmada y a un pelo de contravenirme emprendo tal titánica campaña (en desmedidas ocasiones repasada) para derrocar los carnales apetitos y deseos que me repudian. Para conseguir el control absoluto de mi ser.
Es que no puedo estar en el centro; en esa esfera de equilibrio innata para cualquier organismo viviente. La he perdido desde bastante tiempo atrás, mi error: nunca le tuve. Y me duele comprobar y aceptar dicho axioma que me constituye y rige. Soy una estúpida compulsiva, no domino placer tan simple como es comer. Siento que no es así, al contrario, aunque mi cuerpo simule que sí; que sí le evito a toda costa.
Por esto he decidido una vez más abstenerme de probar alimento. Sea como sea, pareciese cosa de siempre; que nunca degluto ni agua cristalina. Aquello ha devenido en una garganta muy jodida y no me es posible hablar sin sentir una ligera picazón, o sí trago saliva, raspar los tejidos que cubren a mi pobre esófago ulcerado. Mierda. Detesto mi vida mas me odio inclusive sólo una pulgada por delante de lo anterior. Doy dos pasos al frente, cuatro en retroceso; avanzo una milla y quedo cinco detrás del lugar donde comencé. A este ritmo- admitámoslo- estoy a un ápice del agujero que será mi recinto de descanso eterno. Qué más... Sí, ello es mi intención; nunca ha dejado de serlo.
Entonces, les suplico con ahínco algo de paciencia. Entendimiento hacia la mala redacción que desconozco por cuánto tiempo adoleceré, pues no tengo premeditado un límite a la subsistencia a base de agua y una que otra insípida hoja de lechuga en la que yo misma me confiné ayer por la madrugada. Y créanme, no ignoro las consecuencias, riesgos y deficiencias que tomo al iniciar tan descabellado e irracional comportamiento. Ya les padecí, ya les viví, ya les sufrí.
Me resta un miedo, casi fobia, por los tortuosos pensamientos que sobrevendrán tras mi ayuno, o durante. Pensamientos irracionales donde una hojuela de maíz se pinta como titipuchales de manteca que me engordarán diez kilos. U horas en el comedor con lágrimas de mi madre y propias que no cesan porque tragar una cucharada de sopa se vuelve más difícil que resultar ganador del Premio Pulitzer con Abzurdah por obra. Y sin embargo, no quiero, no puedo, no debo continuar en la mediocridad que embísteme la existencia.
Lo siento, excusen mi zarrapastrosa prosa y no sean muy duros al juzgarle. Ahora mis contadísimas neuronas se nutren de las precarias energías que poseo como reserva. Igual y falla el ingenio...




1 comentario:
Gracias por seguir escribiendo ofuzcada.. lo haces increible!
No se que paso en el msn..de repente ya no me dejo responderte =s
Cuidate si?.. trata de hacerlo!!
Gracias por firmarme..besos!
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