Hoy les revelaré uno que otro dato suelto sobre mí y mi transcurrir rutinario. Eso porque estoy de buenas y tal vez sea un poco las ganas de salir del recóndito anonimato que me aplasta el rostro y miembros aquí y también acullá; en mi vida real y directa. Seré una ilusa si gustan, pero creo que con los elementos que a continuación les brindaré llegarán a conocer a ésta extraña que escribe y leen casi a diario. Dicho lo anterior, espero no continuar siéndoles esa desconocida de mente ofuscada.
Tengo 20 años, a sólo dos meses de cumplir los 21. Mi piel es muy blanca, casi transparente. Mis ojos rasgados de color marrón y mi nariz algo curva de mediano tamaño. Me desagrada; le haría operar mas temo que el remedio sea peor que la enfermedad. Tampoco estoy convencida de la finura de mis labios y su palidez extremos. Castaño oscuro es mi cabello (el escaso que aún prevalece pegado a mi cabeza) y lacio, demasiado liso y rebelde. Mi ascendencia francesa (no sé más aparte que mis abuelos paternos eran de esta nacionalidad) me ha dotado con un perfil caucásico, pero se ve alterado con mis curvas -cuando les tenía- evidentemente de raíz latinoamericana. Algunos me consideran alta -colegas- sin embargo soy de las "chaparras" de la familia. Ustedes decidan: mido 1.68 metros.
De complexión y huesos anchos no han impedido que pese en temporadas 40 kilos o menos, mucho menos. Ahora oscilo en este número de la balanza: 39.5 kg - 40. Es decir, un 35% por debajo de mi peso ideal aunque a mi ojos soy sincera, no estoy muriendo de desnutrición cual niño de Biafra o me veo con facha de esqueleto andante, nada. Ni aún cuando me encontraba alimentando de mis últimas reservas magras al poseer únicamente un 60% de la masa corporal que debería. Yo me veía, me siento gorda.
Sí, es cierto lo que estarán pensando: estás mal del coco, eres una demente. Lo sé y no me importa. Podrían repetirlo día y noche y yo ni me inmuto, no les creería y tampoco haría mínimo caso a sus recomendaciones. Odio con odio jarocho gota de grasa adicional en mis muslos o abdomen. Tengo repulsión a los "gordos" en cualquier parte del cuerpo aunque no sean en realidad moléculas de triglicéridos sino fibras de músculo. Mi piel pegada al hueso no me parece estética pero le prefiero a tocar y sentir acolchonadito en x zona. Helada y dura... mil veces opto por ello, mil veces antes que tibia y esponjosa, o carnosa. Yiac, se me revuelve el estómago de sólo imaginarlo.
Dirán: ¡vaya tía anoréxica! ¡Comete un sandwich! Pues sí, si me lo como. Y si quedo con hambre también un par de galletas y un chocolate. Aunque luego desconozca el lugar dónde vaya a desaguar esa mezcla de alimentos calóricos en comienzos de desintegración.
Bueno, ¡vaya piba bulímica deja de atascarte, come como ser humano que eres y no como buey! Mmm... no me atasco. A mi boca entra en una comida "ordinaria" ni la tercera parte de los requerimientos básicos para poder realizar correctamente funciones o razonamientos sencillos, y no obstante, continúo en pie, pensante contra todo fatídico pronóstico. Tienen razón, no voy a correr en un maratón y esperar ganar, pero de que llego a la meta, llego
Los psiquiatras, nutriólogos y psicólogos que he consultado tienen la imparable manía de a fuerzas querer clasificarme en uno u otro trastorno. No podría decir si soy yo la que no encaja en uno en particular o son los cánones los que no se adaptan a mí - Tampoco a la gran mayoría de individuos que padecen trastornos del comer, así que menos me afecta. Esperan que los anoréxicos jamás deglutan fuera de saliva o que los bulímicos vomiten hasta una miga de pan. En mi experiencia (conozco a cientos de chicas "anas" y "mias") esto no es posible. Una anoréxica tarde o temprano se dará un atracón que buscará purgar y una bulímica dejará de comer por días, semanas, incluso hasta meses antes de recaer en su compulsión.
¡Ah! Me tiene sin cuidado si soy anoréxica, si soy bulímica, o soy bulimaréxica. Si soy todas o ninguna. Para el cuento es idéntico: una maldita voz en mi cabeza que me arrastra a tragar cuando no siento hambre y me obliga a ayunar aunque las tripas se digieran a sí mismas o sean carcomidas por mis ácidos peptídicos. En síntesis, una vaina.
De hecho, hoy por la tarde después de "comer" (les juro que podría ganar sin esfuerzo el premio al prestidigitador del año. Desaparezco toda cantidad de alimento y no precisamente ocultándole dentro de mi estómago). A continuación de haber terminado de vomitar esa nada de ingesta conformada por jugo de tomate y cuadritos de verduras; me sentí vacía, hueca, sin sentido. Siempre es así, siempre sucede. Pero decidí escuchar en esta ocasión lo que quería decirme tal sensación y me respondió lo que bien sé: que para qué como sí no deseo ni lo necesito, que porqué vomito sí mi aspecto me vale un comino, que mejor coma y vomite nada o no como y fin del asunto. No pude justificarle esas acciones porque desconozco el motivo de mi muy absurdo proceder. No sé, no soy, no estoy yo sino ella. ¿Y quién o qué es ella? Ella es la voz que les he mencionado hace un párrafo.
Ella carece de nombre propio. No se llama "Ana", no se llama "Mia" , tampoco "Diosa" ni "Depre" y mucho menos le digo amiga. Tiene igual edad a mí y se me enquistó en el cerebro siendo yo una niña desprecavida, ingenua y predispuesta. Susurró a mi pequeño oído una horda de falacias que se pintaban muy verídicas y convincentes... En fin, no tenía las armas necesarias para defenderme y vencerle. Entonces le creí, cedí a sus órdenes. Ya les contaré las tantas atrocidades que me ha hecho cometer en contra de mi persona; verdaderas locuras y crueldades no cabe duda. Aguarden y me darán la razón.

Sí, eso le define bien: una mala- que digo mala- pésima influencia. Me hubiese arrojado a las drogas si poseyera yo algo de capital extra en mis bolsillos o varios cuates de "revén". Mas no tengo ni uno ni otro y heme aquí engarrotada por mi desorden alimenticio muy individual y adaptado a mi persona. No exige por montones. Como si tengo hambre (y vomito) No como sí es a la inversa. A veces tampoco pruebo bocado con todo y la panza sonando cual orquesta filarmónica. Bueno, no quiero y punto. Me agrada la sensación de traer vacías las entrañas pero no es mayor problema si termina. Y vuelvo a devolver. Ha devenido esto en un procedimiento automatizado, mecánico, instantáneo. No requiero de meterme los dedos y rasguñar así mi garganta alterando a la vez mi corazón con taquicardias. Comprimo el abdomen y listo; expulso las frituras, los dulces, las verduras que antes sin pensarlo y mortificarme por ello deglutí, a sabiendas que estaban fuera desde un principio.
Sin embargo, no me atrevo a decir que tengo el control sobre el mal que ella me manda inflingirme. Sé que miente, que me boicotea, que me estafa y le mueve el último deseo de exterminarme a toda hora. Que aunque me aconseje esporádicamente a obsequiarme con un atracón (seudo atracón. Comer un platito de arroz es para mí sinónimo de 20 pasteles) como medio de liberar tensiones o gritar lo que no grito es en realidad un perverso engaño para generar sentimientos de culpa y denigración de mí hacía lo que soy o no soy. Aumentando el odio que me taladra los timpanos y la salud.
¡Agrr! ¡Le detesto con mi alma entera! ¡La odio! Pero más me odio cuando le abandono (¿o me abandona?) por un tiempo. Cuando vivo sin ella y "mejoro" ( sinónimo a engordar). Y descubro lonjas en mi cintura y cadera (mmm ¿será que ella me las muestra para atraparme en su telaraña de nuevo?). Da igual si están o las alucino sólo sé que las quiero "de patitas en la calle" al instante. Y me tiene sin cuidado no abrir la boca para comer durante semanas, o matarme en el gimnasio durante siete horas continuas. Todo por regresar a su esclavitud, todo porque me consuele por milésima vez con sus palabras dañinas y destructivas. ¡Madre Santa! ¡soy dependiente de un monstruo! y ese monstruo habita en mí, no sé dónde; ¿en qué agujero sin fondo se encontrará su guarida? ... es demasiado escurridizo, demasiado astuto. Hasta a los mejores terapeutas y médicos se escapa y camuflajea.
Prefiero llevar la fiesta en paz con ella. Es lo más sensato. No intento contrariarla. Me admite permanecer en un sitio de la báscula por algunos meses... 50, 45, 40, 3#? (WAF! je, un secreto. No intento alarmarles con mis enfermos kilos). Sí rebaso sus límites... no sé de lo que es capaz de hacerme cometer - de acuerdo, sí: tragarme 50 pastillas, cortarme con mi bisturí de laboratorio las piernas y brazos, lanzarme como spider man de las escaleras, escapar de casa por las noches, episodios bulímicos obsesivos - compulsivos, etc, etc, etc. Sus métodos son efectivos si les sigo al pie de la letra. Mi cuerpo se encoje y mi cabeza crece con cada gramo que me arrebata. con cada energía que se lleva y con cada ilusión que me mata. Pues ya lo escribí antes: su único objetivo es el aniquilamiento total de mi ser, y cómo no he permitido o no he tenido el valor de que me suicide en una muerte rauda y veloz, la disfraza con esta estúpida enfermedad que me consume momento tras momento sin que me dé yo por enterada. O eso quiere creer la ingrata (no porque vaya yo a ponerle remedio y término, me conoce y sabe que estoy totalmente sometida a su voluntad). Sino porque es tan malvada y cínica que le gusta que la llame "buena" y "mi salvación".
¡Qué basura! Esto quedó muy largo y sólo deseaba componer un par de líneas acerca de mi descripción física. No entiendo porqué escribí tanta mierda, ni para qué. Ahí me avisan si ustedes llegan a comprender... Yo me voy a dormir.
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