Siento tan hondo, tan profundo, tan en propia piel lo que acontece en éste enorme mundo, en mi pequeño mundo, en estos mundos desiertos y fríos. Siento el dolor de todos y de nadie, del vacío a cada instante, que he decidido dejar de sentir, dejar de sufrir, dejar de llorar. Y no ser humano jamás; convertirme en éter y desaparecer a voluntad.
Quema, pega, perfora, arde, rebota, pica, clava, duele, corta, machaca... duele, destroza, duele, duele... ¡duele!. Lloro y lloro, mis ojos rojos se ponen. Quiero me duela no más, nunca otra vez. Quiero corregir lo que está mal, que ninguna lágrima corroa la sonrisa de un niño que juega en plena calle porque el sufrimiento ha vuelto ácida su existencia. Quiero que la gente pare de matarse, de luchar por falsos ideales; por billetes de papel que para aquel niño valen menos que las dos canicas en su mano pues no entiende, no sabe por qué han matado a sus padres a causa de un montón de estos pedazos de madera procesada con números grabados sin sentido y que ni siquiera ellos poseían, que ni siquiera anhelaban... que ni siquiera soñaron jamás tener. Mas su patria les ordenó defender.
Quiero tantas cosas... quiero acabar con la hipocresía, con la inconsciencia e indiferencia. Quiere que tú me ayudes, que no me abandones en esta encrucijada tal vez absurda o utópica, tal vez infantil; pero no puedo sola realizarle y por eso acudo a ti, para que me eches una mano y me acompañes cuando comience mi batalla y dispare pétalos de amor y de paz. Por favor, te lo suplico: únete a mi lucha social. Libera a los pobres de su infelicidad y misera; liberémolos juntos de tanto llanto y pesar y así me sea factible descansar y dormir sin llorar, sin sentir ese dolor que penetra mis venas y las desangra en silencio. No puedo contenerlo, comprimirle durante más tiempo en el limitado espacio que hay en mi corazón afectado. Siento que va a reventar.
Te digo, te explico, te doy mil razones y motivos; simulas que me escuchas pero en realidad no comprendes mis palabras y su trascendencia. Tienes mucho que hacer, debes ir a trabajar, ser vencedor en la selva urbana y ello te exige demasiado; no te alcanzan los recursos ¿Cómo fui a osar pensar que te apasionaría la idea de la misma manera que a mi me apasiona? Tú, querido prójimo, que sí tienes vida y buscas éxitos "reales" y "fructíferos". Me aconsejas dejar mis divagaciones, mis sueños imposibles invitándome luego a crecer y claro, a vestir mejor, adaptarme, a encajar y agradar más. Sí, sí, también te doy el avión por unos minutos. Otra vez retomo mis conflictos; me invade el coraje hacia ti, hacia todos, hacia mí. ¿Por qué carajos no soy todo poderosa y con sólo pensarle ser capaz de devolver al mundo su inocencia, la bondad y alegría que nunca ha gozado? ¿Por qué no puedo ponerle termino a tantas guerras, a tanta matanza, a tanta hambre, a tantas enfermedades incurables? ¿Por qué, por qué Dios ignora mis rezos? No estoy siendo egoísta... Ofrezco mi vida, mis días, mi sangre a cambio de la alegría de un bebé iraquí.
Dios no contesta. A toda hora le imploro; Dios no existe. La Iglesia es una creación que el hombre ha inventado para tener una razón divina que les permita pelear y justificar homicidios masivos y violaciones de hombres enfermos a menores. No me importa, he sepultado mi fe, mi religión, mi esperanza. No creo más en nada. Ni en mí ni en nadie. Pienso que puedo sobrevivir con ello. La gente mira a una anciana muriendo de hambre y la ignora, no le tiende una mano, ni una mísera y estúpida moneda. ¡Les odio! Pero yo me odio aún más; no me "sobra" un céntimo con que regalarle a la viejecita cuyos ojos se me hincan directo al pecho. Por hacer deberes escolares en las tardes no me queda momento para ir con los niños de la casa hogar a narrarles un cuento o regalarles dulces, o por mi mugre pesimismo y tristeza inexplicables y secretas, quedo encerrada en mi cuarto haciendo nada productivo y elaborando intrincados planes para ser "perfecta" para que todos me quieran, para que mi familia se sienta orgullosa. Me doy asco, no consigo nada y no estoy satisfecha.
Y siento cada vez más hondo, y siento que el dolor me lleva a un precipicio infinito. Y siento odio, pena, compasión, misericordia; un menjurje de emociones que asfixian mis pulmones y ya ni respirar me resulta viable. Y me he cansado... no quiero seguir sintiendo, no quiero y no puedo. Está decidido, desde ahora me conmoverá nada, desde ahora soy piedra insensible.
Volteo al redentor, personas y personas, mares de ellas sonríen, parece que la felicidad les abruma; pero sólo pretenden, sólo actúan y yo me dejo convencer. Me engañan sus risas y caigo en las redes del mundo moderno, de sus sofismas y materialismo como único objetivo. Vislumbro un chance para ser feliz, un método para dejar de sufrir, para dejar de sentir... Prometen en la televisión que comprando tal o cual producto tus penas acabarán y tu existencia envidiable será. Salgo volada a conseguirles y firmo el contrato donde vendo mi alma al demonio de las apariencias y superficialidades. El precio es barato, nada difícil se le pinta a mi voluntad de acero: dejar de comer y vomitar; todo por ser delgada y aceptada.
No siento más, no soy yo, me he marchado y me ursurpa una obsesión insaciable de destrucción. Mas el odio no se fugó junto con las otras sensaciones. Prevalece y consume mi exterior e interior. El cerebro se me ha encogido, ya no pienso ya no analizo ... se reduce mi existencia a contar calorías y dolor corporal. El dolor físico me da placer, me da control y le disfruto. Nadie es capaz de dañarme al grado que yo. Al fin algo que manejo, que decido, que yo mando.
La etiqueta me mintió; estoy flaca, peso 48 kilos como quería, pero no salgo, no hay una cola de amigos esperando por mi a la puerta. Estoy sola y mi familia no me comprende, pienso que ahora me odia más porque les arruino su vida con mis problemas alimentarios. Tal vez no estoy realmente delgada, no cómo para que me amen... quizá si bajo a 45 se compongan las cosas. Sí, eso haré -Nada-. Tal vez con 40 sí resulte... Tampoco. Tal vez con 35 ...mmm. Muy tarde, tu mente esta seca, se te murieron las neuronas y ves reflejada a una calaca en el espejo. No eres tú, no eres nada. Desesperada buscas tus sueños, desesperada buscas la bondad que en otrora emanaba sin esfuerzo de tu ser. Queda nada, el hambre y el ayuno les emancipó.
Y yo sigo subsistiéndo en la nada, en la aberración de mi infierno. Rechazando al mundo, a sus críticas y paradigmas. Y mi protesta es suicidio, y mi estandarte la anorexia. Mi figura pálida y escuálida el arma con que mermo vuestra soberbia, vuestros ideales. Hoy pienso, hoy medito y reflexiono. Hoy sé porqué consumo mis escasas reservas de energía y vitalidad sin explicación aparente. Hoy no soy más muñeca de trapo. Hoy te niego; hoy no despilfarro mi poco dinero en Navidad, en esa hipócrita Navidad que inventaste para vender a rabiar. Hoy obsequio las monedas que me faltan y el abrigo que no he estrenado a quienes les necesitan con apremio. Hoy no caigo en tus falacias, hoy no me importa que pienses, que critícas y tachas de mí o si me llamas loca. Hoy continúo en esta enfrenta en contra tuya. Hoy no me rindo, hoy me muero si con ello provoco una reacción dentro de tus células. Hoy también sé bien que esto es en vano, que estás hueco, que estás ciego, que no tienes sentimientos y que todo aquello te tiene sin cuidado. Hoy tampoco he dejado de odiarte y amarte. Hoy tampoco quiero desistir de intentar cambiarte. Hoy- que no te quepa la menor duda- hoy quiero abandonarte, marcharme de tus sublimes parajes que con esmero haz deformado para nunca verlos de nuevo.
Hoy como menos que un niño de Biafra. Con seguridad él sí merece y requiere más que yo el alimento. Ojalá y pudiera dárselo...




1 comentario:
hace bastante no te leia.. Me encanta lo que escribis y como lo escribis..
Un placer leerte!
Que andes bien..besos!
Publicar un comentario